Somos
Pequeña bodega familiar
Desde el año 2000
Desde los inicios, con una clara idea de obtener uvas sanas y de máxima calidad, sin tratamientos químicos de ningún tipo, y con respeto por el medio ambiente para dejar una herencia sostenible. Por ello, trabajamos la mayoría de los suelos con tracción animal en pendientes naturales, y con el máximo respeto por el paisaje, flora y fauna autóctona.
Nuestras uvas tienen certificado ecológico del CCPAE desde el año 2000.
Trabajamos todos los viñedos en biodinámica desde el año 2004. Como resultado de un trabajo serio y preciso, desde 2014 formamos parte del grupo de bodegas más importante actualmente en la aplicación de la filosofía y los métodos de trabajo en biodinámica. Asimismo, estamos en proceso para obtener el prestigioso sello de vinos biodinámicos BIODYVIN.
Actualmente, contamos con una plantilla fija anual de 10 personas para producir 30.000 botellas de 9 vinos diferentes en 2 Denominaciones de Origen: PRIORAT y PENEDÈS.
Nuestra
Vendimia
Vendimiamos toda la uva cuando llega de forma natural a su mejor equilibrio entre madurez y acidez.
Para ello, nos basamos en análisis del pH y el alcohol teórico en las muestras de mosto de los diferentes viñedos de cada paraje. Según el clima, la orientación, la altitud y las variedades, decidimos las vendimias alrededor de pH 3.2 en las fincas y variedades más frescas, hasta 3.8 para las fincas más calurosas con pieles más duras, para los vinos tintos, y de 2.9 a 3.1 para la uva de los vinos blancos.
Así, conseguimos el equilibrio perfecto de madurez (sin sobremadurar) y conservamos la acidez natural para dar a los vinos un buen balance para beber jóvenes y vibrantes, y estabilidad para guardar durante muchos años y pulir la juventud.
Las vendimias son manuales, en cajas pequeñas de 12 kg, que trasladamos hasta la bodega donde las ponemos durante 24 horas en una cámara frigorífica a 4 grados bajo cero para mantener toda la fruta fresca y enfriar la pulpa de la uva.
Nuestra
Bodega
En la bodega es donde se produce la magia en forma de alquimia. Nuestra obsesión es la limpieza. También el análisis constante y el acompañamiento de las diferentes partidas de uva para que fermente espontáneamente, sin aditivos enológicos que puedan modificar el carácter único del origen y la añada.
Después de la vendimia llevamos las cajas de uva a la bodega y las ponemos dentro de la cámara frigorífica a 4 grados bajo cero para mantener toda la fruta fresca y enfriar la pulpa de la uva para evitar fermentaciones agresivas con altas temperaturas que eliminan aromas y frutas. Al día siguiente hacemos una selección manual de toda la uva, uno a uno, para eliminar los granos pasificados, secos o en mal estado, de modo que las fermentaciones espontáneas expresen al máximo el carácter propio del terruño, el clima de la añada y el paisaje de donde procede cada partida, solo con la uva sana y en perfecto equilibrio de madurez.
Asimismo, añadimos cantidades suficientes de sulfuroso para garantizar los largos viajes, mantener la calidad y la larga vida de los vinos en botella. Nunca marcamos los vinos con maderas o sus tostados. Los vinos tintos fermentan con raspón y uva entera para aportar la carga tánica necesaria propia de cada parcela, dar mayor sensación de acidez y así prescindir de maderas nuevas.
Las maceraciones y fermentaciones de los vinos tintos con las pieles duran unas 3 o 4 semanas. Se prensan y posteriormente envejecen en fudres de 1.200 a 3.200 litros de madera de roble francés, barricas de 225, 300 y 600 litros, durante 8 a 18 meses según el tipo de vino, la partida y la añada.
En el caso de los blancos, las fermentaciones se hacen con el mosto sin pieles. Se llevan a cabo en barricas viejas, seminuevas y pocas nuevas, y hormigón de 225, 300, 600 y 1.700 litros, con una crianza máxima de 8 a 9 meses y sin lías.