La Coma de en Romeu va desde los 365 metros hasta los 420 metros de altitud con una orientación este, siendo ideal para Garnacha porque recibe la incidencia del sol de la mañana, más fresco, y evita el sol de la tarde, que es el más perjudicial para esta variedad. Un paraje de los más antiguos de la Región Priorat, donde la tierra habla de miles de años de historia geológica.
Las tierras donde crecen las viñas están compuestas por llicorella formada en el periodo Devónico, rocas que se formaron hace 450 millones de años. Los suelos son profundos, descompuestos, ricos en sílice, y esto es lo que da su característico color marrón claro y oscuro, con vetas blancas donde podemos ver los pliegues de la presión y temperatura que soportó al emerger desde las profundidades por el movimiento de las placas tectónicas. Esta tierra, muy descompuesta y con cierta cantidad de arcillas, es lo que la hace ideal para garnacha para obtener vinos complejos, pero al mismo tiempo finos y muy aromáticos.
Las viñas de Garnacha están plantadas en costers muy pronunciados, los más salvajes que conocemos. Estas tierras se trabajan siguiendo el método ancestral, con tracción animal y utilizando la biodinámica, un sistema que respeta los ritmos naturales de la tierra y las plantas. La densidad de plantación es de 7.000 cepas por hectárea, lo que garantiza una producción limitada pero de gran calidad. En el caso de la viña más joven de donde sale la uva para la FLOR DE LA COMA con solo 2.400 botellas y para la viña vieja entre 1.200 o 2.600 dependiendo del cuajado de flor, que es muy variable con la garnacha según venga el clima.
La primera vendimia de la viña joven se realizó en 2023, siendo el inicio de un camino de más de 100 vendimias futuras con las que buscamos preservar esta tradición de viticultura ancestral, artesanal y natural, para nuestro presente y para las generaciones futuras.


